Mario. No, yo no me llamo Mario. Es más, no conozco a nadie que se llame Mario. Nadie, obviamente planteandolo como el nombre de una persona. Porque Mario no es lo que el resto del mundo consideraría una persona. Simplemente está ahí cuando se le necesita. Es el que encauzó mi vida.
Pero bueno, sigamos con la historia. ¿Por dónde iba?...¡Ah, ya recuerdo!
Un chico "normal" con una vida "normal" ¿Qué más se podía pedir? Pero bueno, a decir verdad, no era tan normal. Dentro de mi, muy al fondo, escondido en lo más recondito de mi ser, se hallaba otro yo, esperando su oportunidad de salir. Yo mismo quería que saliese, pero no estaba del todo preparado. Por eso empecé a reprimirlo, hasta que no fue más que un simple destello de luz rodeado de infinita oscuridad.
Como ya he comentado, sufría del llamado TDA. Además, era un chico alto, desgarvado, despreocupado y, porque no decirlo, no muy atractivo (o al menos es lo que me hicieron creer). Así, fui el blanco de muchas burlas durante mi etapa en el colegio. Pero bueno, a mi no me importaba tanto. Si, me afectaba, pero prefería conseguir a Mew subiendo y bajando varias veces por el lado derecho de Isla Canela, que dejar que aquellos insultos penetrasen en mi. Así fue como creé una coraza. Y esa coraza aún me protege. Significó un gran cambio. Había pasado de estar siempre llamando la atención, de que los compañeros de clase cantaran canciones sobre mi para que parase, algo así como "Para montal, montal para", a aislarme. Pero no aislarme de mis conocidos. Aislarme del resto del mundo. Seguía hablando con mis amigos, si, y en el patio no estaba solo, pero no hablaba con el resto del mundo. Simplemente porque no confiaba en ellos. Mi coraza me lo impedía. Poco a poco, mi personalidad fue cambiando, y me volví más "tímido" (aunque no es timidez la palabra, pero más adelante lo explicaré). Dejé que la actitud del resto del mundo para conmigo me influyera y cambiara lo que yo era. Y aún hoy me arrepiento por ello. Dejé de llamar la atención. Es más, mi propia actitud hacia el mundo cambió. Buscaba siempre los sitios donde menos gente hubiese. Mi odio hacia las aglomeraciones aumentó. En la calle, siempre iba mirando hacia el suelo, evitando siempre contacto visual. Siempre. Y si alguien me pillaba (y aún hoy) mirandolo, enseguida apartaba la mirada. Pero eso, sí, era un chico educado. Criado en una familia pudiente, no se le podía pedir menos. Siempre con un "Por favor", o un "Disculpa". Ese no era yo. Era el fruto de "mi" mundo.
Durante mis años en el colegio tuve diferentes contactos con Mario, pero no estaba preparado. No le tuve respeto. No tuve cuidado. Para mi no era más que cualquier otra cosa. Y de eso también me arrepiento.
De todas maneras, no sientas lástima por mi. Porque hoy soy una persona nueva. Si, el mundo influyó en mi personalidad, pero ¿Qué podía hacer yo contra el resto del mundo? Hoy por hoy soy una persona mucho más fuerte. No voy a cambiar lo que soy. Como diría Alaska, "El mundo me hizo así". No sientas lástima por mi, porque ahora ya comprendo a Mario. No he llegado a vislumbrarlo en toda su claridad, pero se lo que es, se en que me puede ayudar. No...No sientas lástima por mi.
sábado, 20 de marzo de 2010
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